En España, un vídeo para un restaurante o un hotel pequeño cuesta entre 3 000 y 5 000 euros, un hotel de tamaño medio con varios espacios entre 5 000 y 8 000 euros, y un establecimiento de lujo o un grupo hotelero entre 8 000 y 12 000 euros o más. Lo que hace reservar no es el plano del edificio ni el dron sobre la fachada, sino la experiencia vivida : la luz de la mañana, las manos en la cocina, el momento concreto que el cliente se imagina viviendo. El rodaje debe hacerse antes de la temporada alta y en las dos horas de luz que definen el lugar. Bien planteado, el material sirve para la web, las redes, los portales de reserva y las campañas de temporada durante dos o tres años. Studio FLF, con bases en Angers, París y Miami, produce estos rodajes en una o dos jornadas.
El sector de la hostelería vive de una decisión que se toma en pocos segundos, delante de una pantalla, comparando cuatro establecimientos parecidos. En ese momento el precio pesa menos de lo que se cree. Lo que decide es la capacidad de proyectarse : imaginarse desayunando en esa terraza, cenando en esa mesa, despertándose con esa luz. Las fotos hacen la mitad del trabajo. El vídeo hace la otra mitad, porque muestra el ritmo, el sonido y la atmósfera que ninguna imagen fija puede transmitir.
¿Por qué el vídeo convierte en hostelería?
Porque vende una experiencia y no un producto. Una habitación es una habitación en todas partes : las mismas dimensiones, la misma cama, la misma descripción. Lo que diferencia a un establecimiento es todo lo que ocurre alrededor, y eso solo se percibe en movimiento.
- Reduce la incertidumbre. El cliente que ve el recorrido real del establecimiento deja de temer la sorpresa desagradable, y la duda es el principal motivo de abandono antes de reservar.
- Justifica el precio. Un desayuno servido con cuidado, un producto local trabajado en cocina, un detalle de servicio : todo eso explica una diferencia de treinta euros por noche mejor que cualquier argumento escrito.
- Alarga el tiempo de visita. Un visitante que ve un vídeo permanece más tiempo en la página, y ese tiempo pesa tanto en el posicionamiento como en la decisión.
- Alimenta las redes durante toda la temporada. Una jornada de rodaje bien planteada produce entre ocho y quince formatos verticales que cubren meses de publicaciones.
- Da autonomía frente a los portales. Un establecimiento con material propio potente atrae reservas directas, y cada reserva directa evita entre un quince y un veinte por ciento de comisión.
Este último punto es el que más rentabiliza el proyecto y el que menos se calcula. Un hotel que consigue diez reservas directas más al mes gracias a su web recupera el coste del vídeo en una sola temporada, solo con las comisiones que deja de pagar.
¿Cuánto cuesta un vídeo para un hotel o un restaurante?
El precio depende del número de espacios que hay que cubrir y del número de jornadas necesarias. Un restaurante con una sala y una cocina se rueda en un día. Un hotel con habitaciones, spa, restaurante, terraza y exteriores necesita dos, sencillamente porque cada espacio tiene su hora de luz.
| Tipo de establecimiento | Presupuesto | Qué incluye |
|---|---|---|
| Restaurante o alojamiento pequeño | 3 000 a 5 000 euros | Una jornada de rodaje, un vídeo principal de 60 a 90 segundos, cuatro a seis formatos verticales, música con licencia y subtítulos. |
| Hotel de tamaño medio, varios espacios | 5 000 a 8 000 euros | Una a dos jornadas, vídeo principal, cápsulas por espacio (habitaciones, restaurante, spa), ocho a doce verticales, versión subtitulada en inglés. |
| Establecimiento de lujo o grupo hotelero | 8 000 a 12 000 euros o más | Dos jornadas o más, dirección artística completa, tomas aéreas cuando la normativa lo permite, film de marca, cápsulas por temporada y versiones multilingües. |
Dos elementos se presupuestan aparte y conviene decidirlos antes. Las tomas aéreas requieren piloto habilitado y autorización según la zona, lo que en centro urbano puede resultar imposible. Y la presencia de figurantes o de un equipo de sala movilizado durante el rodaje tiene un coste real para el establecimiento, aunque no aparezca en la factura de producción.
El cliente no compra una habitación con vistas. Compra la mañana que se imagina pasando en esa habitación.
¿Qué hay que mostrar y qué hay que evitar?
La mayoría de los vídeos de hostelería fracasan por el mismo motivo : muestran el edificio en lugar de mostrar la estancia. El resultado es correcto, vacío y perfectamente intercambiable con el del establecimiento de al lado.
- Mostrar personas, no espacios vacíos. Una sala sin nadie parece cerrada. Una mesa ocupada, un camarero que sirve, unas manos que cortan : eso es lo que activa la proyección.
- Mostrar el gesto profesional. El pase de cocina, el pan que sale del horno, la cama que se prepara. Es lo que demuestra el nivel de exigencia sin tener que afirmarlo.
- Mostrar el entorno. El pueblo, el mercado, la costa, el viñedo. El cliente no reserva solo un establecimiento, reserva una zona y unos días.
- Evitar el recorrido exhaustivo. Un plano de cada habitación seguido no es un vídeo, es un catálogo, y nadie lo termina.
- Evitar el dron como argumento principal. Una vista aérea sitúa el lugar en cinco segundos. Cuando ocupa la mitad del montaje, sustituye la emoción por la topografía.
- Evitar la voz en off genérica. Las frases sobre la excelencia y la pasión no distinguen a nadie. El sonido real del lugar convence mucho más.
¿Cuándo hay que rodar?
La estacionalidad manda, y es el error de calendario más caro del sector. Rodar en plena temporada alta significa un establecimiento lleno pero un equipo sin disponibilidad. Rodar fuera de temporada significa espacios vacíos y una luz que no corresponde a lo que se quiere vender.
- Seis a ocho semanas antes de la temporada : es la ventana correcta, con el establecimiento preparado, el personal disponible y la luz ya adecuada.
- Al principio y al final del día : las dos horas de luz cálida definen la identidad visual del lugar mejor que cualquier otro momento de la jornada.
- Servicio real, no simulado : un servicio de mediodía verdadero, aunque sea más complicado de rodar, se nota en pantalla frente a una mesa montada para la cámara.
- Dos temporadas si el lugar cambia : un establecimiento de costa o de montaña necesita material de verano y de invierno, y conviene planificarlo desde el primer proyecto.
- Autorizaciones y derechos de imagen : clientes reales en pantalla implica consentimiento firmado, algo que se prepara antes del rodaje y no el mismo día.
¿Cómo se amortiza en una temporada?
La hostelería tiene una ventaja sobre otros sectores : el retorno se mide con una precisión poco habitual, porque cada reserva deja rastro. Tres mecanismos concentran casi todo el valor.
- Reservas directas. Cada reserva que llega por la web en lugar de un portal evita entre un quince y un veinte por ciento de comisión. En un hotel de tamaño medio, ese ahorro cubre el proyecto en una temporada.
- Aumento del ticket medio. Un establecimiento que muestra su nivel real de servicio deja de competir solo por precio y sostiene mejor sus tarifas frente a la comparación.
- Eventos y grupos. Bodas, seminarios y comidas de empresa se deciden a distancia, a menudo sin visita previa. Es el segmento donde el vídeo pesa más y donde el importe por operación es mayor.
Para los grupos y los establecimientos que necesitan material nuevo en cada temporada, una suscripción desde 3 500 euros al mes resulta más eficaz que un proyecto puntual cada dos años : el equipo ya conoce el lugar, los horarios y la carta, y el material llega cuando hace falta. Puede estimar su proyecto con nuestro estimador y comentarlo después con nuestro equipo de producción.