Instagram es una red de imágenes, y un negocio consigue clientes en ella cuando lo que muestra da ganas de contactarle. No cuando publica gráficos de servicios, sino cuando deja ver su trabajo, su gente y sus lugares, semana tras semana. Así promociona su negocio en Instagram una empresa de cualquier tamaño, y convierte vistas en clientes sin pasar el día en la aplicación.
La cuenta como escaparate, no como catálogo
Quien llega a tu cuenta decide en tres segundos si se queda: la foto de perfil, la línea de descripción y las últimas nueve publicaciones. La descripción tiene que decir qué haces, para quién y dónde, en una frase. Las nueve publicaciones tienen que mostrar algo real: una obra, un plato, una pieza, un equipo, un lugar. Una cuenta que alterna trabajos reales y caras se sigue; una que alinea carteles promocionales se cierra.
Vídeos cortos, rodados por lotes
Instagram difunde los vídeos verticales cortos a personas que no te siguen: es el único formato que hace crecer una cuenta sin anuncios. Un clip de treinta a sesenta segundos que muestra un gesto, una transformación o una respuesta a una pregunta de cliente se ve hasta el final si los tres primeros segundos dicen de qué va. El método que dura: media jornada de rodaje por trimestre, preparada con una lista de diez a quince clips, y una publicación por semana. Studio FLF prepara sus vídeos de empresa con esa declinación desde la escritura.
Las palabras que la gente busca
Instagram también es un buscador. Los textos y las palabras clave tienen que contener tu oficio y tu ciudad, escritos como los busca la gente: «catering Madrid», «carpintería Barcelona», «fotógrafo Valencia». La ubicación añadida a cada publicación hace aparecer tus imágenes en las búsquedas locales.
Los mensajes directos, donde se cierra la venta
En Instagram un cliente no rellena un formulario: envía un mensaje. La rapidez de la respuesta decide entre una consulta y una venta. Responde en la hora durante el día, con una respuesta real y una pregunta de vuelta, y propón una llamada o una visita.
Los socios y clientes que te etiquetan
La palanca menos usada: pedir a un cliente contento que te etiquete en una foto del resultado, y etiquetar a tus proveedores y socios cuando muestras un proyecto común. Cada etiqueta pone tu cuenta delante de un público que se parece al tuyo. Una colaboración al mes con un negocio complementario de tu ciudad duplica el alcance sin gastar un euro.
Lo que hay que medir
No los seguidores. Los mensajes recibidos, las consultas que citan Instagram, las visitas a tu web desde el enlace del perfil, y los clientes que dicen «vi vuestros vídeos». Cuando esas cuatro cifras suben cada mes, la cuenta hace su trabajo.
Si necesitas los clips que mantienen una cuenta durante un trimestre, cuéntanos qué hace tu empresa; los rodamos desde Madrid y Miami.